“El club de la precariedad absoluta”

“El club de la precariedad absoluta”

¡No vamos a contratarte!

En uno de mis anteriores posts, un buen hombre llamado Anton, comentaba sobre las precariedades de la gente de mayor edad para conseguir un trabajo. A pesar de ser un comentario de poco más de una frase, Anton fue capaz de juntar seis palabras que hasta el día de hoy no me he podido sacar de la cabeza: “El club de la precariedad absoluta”. Pues sabes qué, hoy este post va por ti. ✌️

Se puede saber qué es lo que nos ha pasado? En qué momento nos convertimos en una sociedad que rechaza profesionalmente a la gente de mayor edad? En qué momento decidimos que el tope para contratar trabajadores no podía pasar de los 40 o 50 años? Aquí sinceramente hay algo que no funciona. Y no funciona nada bien. Es vergonzoso ver como profesionales que han estado más de media vida trabajando, se encuentran impotentes ante un sistema de contratación que los señala como no aptos por algo tan incontrolable como es la edad. No me jodas, te crees que envejecemos por gusto, o qué?

Debemos tener en cuenta un pequeño dato, y es que ser mayor no significa convertirse en alguien inútil. El único inútil aquí, es el que juzga por edad (o cualquier otra razón fuera de lo laboral: género, política, religión...). Qué coño te importa a ti la edad que tenga mientras sepa hacer el trabajo por el que me contratas? Di la verdad, sé valiente, prefieres una persona joven porque puedes aprovecharte de ella, porque sabes que puedes pagarle una miseria, porque puedes moldearla a tu gusto y semejanza y esta no será capaz de quejarse por miedo a irse a la calle. Y sabes muy bien, que eso no ocurre con alguien que lleva más experiencia que canas a sus espaldas. A toro viejo no hay quien lo toree. 🐃

Hablando de este tema, recuerdo un momento de mi vida en el cual andaba un poco perdido. Había dejado la universidad en pleno año de segundo de carrera, sin saber que hacer, sin saber hacia donde ir, ni que es lo que quería continuar haciendo. Al haber renunciado en medio del curso, se me hacía imposible iniciar otros estudios, y la idea de estar seis meses tirado en casa sin hacer nada lo complicaba todo aún más. Mi familia, que es muy sabia (de algo sirve tener edad y experiencia parece ser) me aconsejó que le echara un vistazo a los cursos que por aquel entonces ofrecía el Servicio de Ocupación de Cataluña (vendría a ser algo así como el SEPE) para gente en paro, y decidí cursar una formación técnica que casualmente se realizaba a pocas semanas después de haber dejado los estudios universitarios.

Todavía recuerdo el día en que entré por primera vez a clase, y me vi rodeado de un puñado de peculiares personajes, todos ellos mayores que yo. Fíjate, que el más joven de ellos tenía 10 años más que yo, así que imagínate el resto los años que rondaban. Pero a pesar de ello, a día de hoy, te puedo decir que nunca he aprendido tanto en mi vida. Esos personajes, a los que terminé conociendo como compañeros y amigos, tenían entre 32 y 58 años, y eran los tíos más listos y más apañados que te puedas echar en cara. Cada uno tenía su vida, pero nunca dudaron ni un momento en contarla para que formase parte de ella. Siempre estuvieron ahí desde el primer día para enseñar al más inexperto (que era yo) todo lo que la vida, o más bien, la experiencia, les había ido mostrando. Podría decir que casi me adoptaron como un hijo y me mostraron todos los trucos que sabían, todas sus cicatrices, y todas sus historias.

En 6 meses de formación técnica con esas personas, llegué a aprender mucho más que en dos años de ingeniería en una carrera universitaria. Y te lo alto y claro, y te lo reconozco bien orgulloso. 🙂

Pero me enerva, que a pesar de todo lo que sabían y lo que podían llegar a enseñar, las empresas y el sistema no les ofrecieran una oportunidad tan solo por su edad. Da lástima vivir en un lugar donde no se valoran estas cosas, donde lo que vale es la apariencia y la titulitis que llevas contigo. Y luego tienen el valor de andar quejándose de que no hay trabajadores, o de que la gente se va fuera del país. No me extraña coño, si es que los tenéis delante pidiendo trabajo y pasáis de ellos: ay es que no tienes una carrera, ay es que eres muy mayor, ay es que tal, ay es que cuál...

Sabes, deberíamos montar un club, un club en el que formasen parte todas las personas como Anton, como Joaquín, Jaime, Xavi y el resto de compañeros de la formación técnica. En el que pudieran formar parte todos aquellos que se han sentido rechazados alguna vez en el empleo por cualquier cosa fuera de lo laboral y profesional. Deberíamos formar parte todos. Incluso yo formaría parte. Deberíamos escogernos un nombre pegadizo como “El club de la precariedad absoluta”, y salir a la calle. Deberíamos salir a protestar, y demostrar, que valemos como trabajadores, y que somos mucho más que una edad, un género, o una ideología.